saludable.guru
Inicio       -> Buenos Hábitos <-       Historias de vida       Remedios Naturales       Recetas Saludables       Belleza       Perder Peso       Espiritualidad       Curiosidades

Cómo enseñarle a tu hijo a defenderse de otros chicos y evitar el bullying.

Hace poco hablábamos de la importancia de escuchar a nuestros hijos para lograr una mejor comunicación, pero también para explicarles que siempre que tengan un problema estaremos allí para ayudarlos en todo lo que podamos.

Una situación que viene apareciendo cada vez con mayor frecuencia y con consecuencias desastrosas es el acoso escolar o “bullying” como comúnmente se lo conoce.

Y cuando logramos que nuestros hijos confíen en nosotros y nos cuenten lo que los apena o los angustia, sentimos una impotencia enorme al saber que están siendo víctimas de niños violentos que ejercen abuso de poder sobre ellos aniquilando su autoestima y convirtiendo sus vidas en un calvario.

Lorena cuenta: “Aunque ya pasaron muchos años, los recuerdos están grabados en mi memoria.

Me levantaba cada mañana con una opresión en el estómago. Me sentía sola y abandonada. Tenía la sensación de que todo el mundo me miraba y me juzgaba. Me enfermaba continuamente.

Mientras estaba en clase, pensaba qué estarían diciendo sobre mí.

Recibía empujones, insultos, burlas… y eso me hizo caer en la depresión con tan sólo 14 años. Me encerraba en mi misma y me refugiaba en las cosas que escribía o dibujaba en mis cuadernos.

El peso del sufrimiento era tal, que en lo único que pensaba era en morir para terminar con esa agonía insoportable”.

¡Terrible testimonio!

Sabemos que el acoso escolar siempre existió, pero tal vez cuando éramos chicos, se limitaba a algunos comentarios que no iban más allá de lo que habitualmente llamamos “cosas de chicos”. Hoy, la situación se ha vuelto mucho más violenta porque el acoso incluye la violencia física, el acoso por parte de muchos violentos complotados y también se suma el impacto que ejercen las redes sociales que sirven como otra herramienta fuera del ámbito escolar, muy difícil de controlar, para agredir y violentar.

El primer problema que surge, es detectar si nuestros hijos están siendo víctimas del abuso de otros. Esto es algo que muchos padres no logran ver porque los niños tienden a ocultar la situación.

Estar atentos es primordial para detener esta bola de nieve de inmediato.

Varios indicios pueden alertarnos de la situación. Presta atención a estas señales:

- Material escolar deteriorado, ropa rota: Cuando el problema es detectado, muchas veces los padres se sienten culpables por no haber visto las señales que indicaban que sus hijos estaban sufriendo.

Como decíamos anteriormente, los niños sienten tal vergüenza y miedo que no siempre hablan de manera espontánea de lo que les sucede. Es por eso que estas señales de alerta no deben pasar inadvertidas.

Un indicador puede ser el deterioro del material escolar o de la ropa: una camisa sin botones, una mochila rasgada, un cuaderno mojado…

Y cuando increpamos a nuestros niños al respecto, ellos buscan excusas y nosotros les advertimos que deben ser más cuidadosos.

Cuidado, esto puede ser parte del acoso que viven cada día por parte de los violentos.





- Se niega a ir a la escuela: Todos alguna vez no tenemos ganas de cumplir con nuestras obligaciones, pero cuando un niño de manera reiterada se niega a ir a la escuela, es sospechoso.

Muchos niños que tienen problemas a nivel escolar, por lo general quieren asistir a clase porque les gusta encontrarse con sus compañeros, pero si un niño se niega a ir, o no quiere compartir actividades y prefiere aislarse puede ser su forma de escape para evitar confrontar con sus agresores.

- Signos de depresión: Estos síntomas de sufrimiento por acoso escolar, son difíciles de detectar porque pueden asociarse a otras cosas.

Muchas veces hemos escuchado que los adolescentes “sufren” por todo y entonces no sabemos bien cómo interpretar los cambios de humor.

Una forma de identificarlo es a través del tiempo transcurrido. Si un niño o adolescente pasa más de 15 días triste, deprimido, desganado; tomemos estos signos como llamados de atención.

En situaciones más graves, detectamos ansiedad, ataques de pánico, pérdida del apetito, trastornos del sueño, pesadillas y delirio persecutorio.

Si el acoso se prolonga en el tiempo, los niños se convencen de que no valen nada y se abandonan en todo sentido, incluso; llegan a agredirse a sí mismos y son esos casos extremos que todos hemos escuchado en donde los niños llegan al suicidio.

- Acosadores acosados: Los acosadores no tienen siempre las mismas motivaciones. Están los acosadores que agreden a otros con el fin de no ceder el lugar preponderante que ocupan en un grupo o los que disfrutan agrediendo a otros e incluso los culpan de todo lo que les pasa.

Pero existe el acosador acosado que a su vez alguna vez fue víctima de agresiones por parte de violentos y que no encuentra la forma de canalizar su sufrimiento si no es por medio del sufrimiento que inflige a otros.

Porque no debemos olvidar, que los niños acosadores también tienen una familia y también debemos estar atentos a que nuestros hijos no sean los que agreden a otros. Los niños acosadores están canalizando alguna angustia por medio de la agresión y esto es algo de lo que también debemos ocuparnos como padres.

Una vez detectado el problema, ¿cómo ayudarlos?

- No eludir el problema: Si afortunadamente tu hijo manifiesta sus angustias y cuenta lo que está pasando, es importante escucharlo para definir qué tan grave es la situación y no eludir la situación.

Decirle que no es tan grave o que debería aprender a defenderse sólo, no hará más que agravar el problema.

Escúchalo, muéstrate interesado en lo que le sucede y hazle saber que estás dispuesto a ayudarlo si te necesita. ¿O acaso los padres no somos como superhéroes para nuestros hijos?

Si los niños notan que minimizamos lo que les pasa, corremos el riesgo de que ya no nos cuente nada a riesgo de que las cosas se pongan cada vez más serias.

Pídele que te dé detalles de lo que está pasando como por ejemplo, quién lo molesta, cuánto hace que sucede, qué fue lo que pasó, fue algo del momento o es constante, etc.

- Evita sobreprotegerlo: Evidentemente, el primer reflejo instintivo y primitivo que surge en los padres, es el de correr al auxilio de nuestros hijos. Queremos ir a buscar al “villano agresor” que empuja a nuestro hijo o a la “malvada arpía” que tira del pelo a nuestra hija y confrontarlos lo antes posible.

Otra variante es interpelar a los padres de los agresores y ahí todo puede tomar ribetes de escándalo y otras cosas que seguramente no quieras sumar a esta situación de por sí ya bastante compleja.

Aunque en un primer momento te parezca la solución ideal, probablemente sea de las peores cosas que puedas hacer. Los niños que agreden difícilmente depongan su actitud, y en cuanto a los padres, en el menor de los casos, nos encontraremos con la negativa a modo de defensa lógica explicando que sus hijos son incapaces de un acto de agresión hacia otros.

Es decir, increpar a los violentos sólo les hará ver que tu hijo no puede defenderse sólo y será como entregarlo en bandeja en la convicción de que puede seguir hostigándolo porque claramente eso lo afecta, algo que probablemente el agresor disfrute.

Es una forma de poner al agresor en una posición predominante y de poner y a tu hijo en el lugar de la víctima que necesita del apoyo de otros porque solo no puede.

Otra forma es la de aconsejar a nuestros hijos ir a denunciar a las autoridades del colegio la agresión de la que están siendo víctimas.

Esto los ubica en una posición similar a la anterior, con el agravante de que pasan a ser etiquetados como “denunciadores” y bien sabemos que a nivel escolar esto está muy mal visto.

También surge como alternativa hablar con las autoridades del colegio que seguramente tomarán cartas en el asunto, pero de cierta manera también colocarán a tu hijo en una situación de “denunciador” y en cuanto pase un tiempo, las agresiones volverán sin que puedas evitarlo.

- Ayuda a tu hijo a cambiar de postura: Aunque todo lo dicho parecen ser sólo puertas que se cierran, la solución para este problema existe.

Como padres tratamos de evitarles a nuestros hijos todo tipo de contratiempo y dificultad, es natural; pero aunque no lo creas, cuanto más los protegemos, más los desprotegemos, porque no les permitimos desarrollar las herramientas necesarias para enfrentar las situaciones.

Pongámonos al lado de nuestros hijos y ayudémoslos a desarrollar esas herramientas y salirse del rol de víctima. Las “reglas” a nivel escolar son claras: el que no quiera será agredido debe imponerse y decir ¡basta!

Pero para lograrlo, necesita construir “un arma verbal” que bien puede ser un gesto, una frase o una actitud que lo ayuden a retomar el control de la situación y salirse del lugar de blanco de las agresiones.

A esto se lo conoce como “Judo Verbal”, que está muy lejos de conformar una actitud violenta, sino que tiene que ver con cambiar la postura y la actitud para sorprender al otro utilizando lo que el otro dice o hace y de esa manera, sorprenderlo.


Una manera de caminar recta, erguida; una mirada a los ojos y la frente en alto, ¡ayudan mucho!

En situaciones de acoso, es necesario ayudar a los niños a invertir los roles y generar la idea de que son “un riesgo” para el agresor. Mientras que el agresor no tenga miedo al agredido, la situación no cambiará.

Más investigaciones.

Investigadores británicos dan la voz de alarma con respecto al acoso escolar y advierten que este tipo de agresión sostenida en el tiempo provoca 5 veces más posibilidades en los niños de padecer trastornos de ansiedad y 2 veces más riesgo de auto agresión física.

Lo peor, muchos de los agredidos nunca cuentan lo que les sucede e incluso llegan a la edad adulta arrastrando la angustia del acoso escolar. Un alto porcentaje nunca terminó la escuela por este motivo.

Afortunadamente, también se hacen progresos y muchas instituciones se movilizan en lo que se refiere a la violencia escolar, porque la toma de consciencia de las repercusiones físicas y psicológicas de este flagelo deben ser atendidas.

Las discusiones, las peleas y las confrontaciones físicas son inevitables y útiles en el ámbito escolar, porque permiten a los niños encontrar su lugar dentro de un grupo, aprender a respetar a los otros y hacerse respetar por ellos.

La condición, es que no sean siempre los más grandes y fuertes los que dominan y los más pequeños y débiles los que se sometan.

Reflexión final.

Si tu hijo se queja de que lo agreden durante varios días seguidos, si te cuenta que nadie quiere jugar con él, si tiene cambios de humor notorios, si se niega a ir a la escuela; debes tomar cartas en el asunto y averiguar qué es lo que sucede.

Si los docentes te confirman que tu hijo se aísla, que no tiene amigos y que no logra integrarse al resto, la situación merece una charla franca y abierta que permita abrir el camino para llegar a buen puerto.

No dejes de compartir esta información tan, pero tan importante que tiene que ver con la salud, la integridad física y el bienestar de lo que más queremos que son, nuestros hijos.





Los consejos de saludable.guru son sólo para fines informativos y educativos. saludable.guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico ante cualquier duda que puedas tener sobre una condición médica.

Al usar nuestro sitio web, está de acuerdo con que utilicemos cookies. Más info
.

Comparte esto con tu familia y tus amigos. Aprieta el boton de abajo.




Deja tu comentario sobre lo que viste