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¡Nadie te ha ofendido! Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas

Experimentar emociones negativas es algo que nos sucede a todos. ¿Quién puede pensar siempre en positivo? Nadie. Todos en algún momento dejamos salir el enojo y manifestamos descontento ante algo o ante alguien.

Pero cuando consideramos que estas emociones negativas que sentimos son responsabilidad de alguien, es hora de detenernos a pensar qué tanto tenemos que ver nosotros mismos con eso.

La expectativa es algo a lo que nadie escapa: todos esperamos algo. Y cuando ese “algo” no llega de la manera que queremos, tendemos a culpar a los demás y nos sentimos ofendidos. Lo cierto es que, tanta susceptibilidad, nos juega en contra.

Sentirse ofendido porque alguien olvidó saludarte, tomar una broma como una burla, ofenderse sin razón… son reacciones desproporcionadas hacia nuestro entorno. Las personalidades tímidas, inseguras o que no tienen confianza en sí mismas, suelen sentirse perseguidas, son hipersensibles y no soportan la menor crítica.

En cualquier caso, esto se traduce en un sufrimiento que es difícil atenuar, si no hacemos un trabajo profundo sobre nosotros mismos.

¿En qué momento nos sentimos ofendidos?

Por lo general, las personas susceptibles y que se ofenden con facilidad, son sensibles a cualquier comentario de quienes los rodean. No pueden detectar la ironía y toman a mal incluso un comentario hecho con humor. Cada una de estas señales se vive como algo negativo y se convierte rápidamente en una agresión.

Estas personas suelen sentirse rebajadas y humilladas y un simple comentario los hace pensar que no valen nada. Esto, claramente, desencadena conflictos.

Al parecer, las expectativas que tenemos sobre los demás, juega un rol crucial. La ofensa también surge cuando esperamos de los otros una reacción que finalmente no llega. Esperamos de nuestro entorno, algo distinto de lo que recibimos y tal vez no tiene que ver con que sean hirientes u ofensivos, sino que nuestras expectativas están sobredimensionadas.

Esto afecta principalmente a quienes no lograron construir una imagen sólida de sí mismos y cualquier comentario “hiriente” logra desestabilizarlos y se convencen de que no son nadie y de que no valen nada.

La opinión de los otros tiene el poder de aniquilar con pocas palabras, la débil imagen que tenemos de nosotros mismos. Equivale a morir.

A veces sí, a veces no.

Pero no todos los comentarios o las críticas se reciben de igual manera. No todos los comentarios tienen el poder de ofender.

Por ejemplo, alguien que no se considera egoísta, no se sentirá ofendido porque lo traten de egoísta. Al sentirse seguro sobre este rasgo de la personalidad, difícilmente lo viva como un ataque. En cambio, si de manera inconsciente nos sabemos egoístas, nos sentiremos profundamente ofendidos. Es decir, nos ofendemos cuando algo de lo que recibimos, resulta cierto, porque lo que nos molesta es haber sido descubiertos en nuestra debilidad.

Santo Tomás de Moro, humanista y político inglés, dijo: “felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse”.

Las personas que saben reírse de sí mismas siempre están de buen humor y eso es un indicador de estar en Paz con Dios y con los que los rodean. Además, saben contagiar ese bienestar a otros.

La predisposición a ofenderse por todo y por nada, se traduce en un drama para esas personas, que no logran reírse de sí mismas. Las carcomen la culpa, el deseo de autocastigarse y la vergüenza. Un verdadero complejo de inferioridad.

O, por el contrario, un enorme complejo de superioridad, que nos hace creernos mejores que los demás y que al menor comentario que nos recuerda que somos uno más como cualquiera, nos lastima y en consecuencia, nos ofende.

Un ejemplo concreto.

Amelia, 28 años, enfermera.

“Soy hipersusceptible y todo me ofende. Incluso los cumplidos me molestan. Cuando mi marido me dice que le gusta mi nuevo corte de cabello, le digo: ¿por qué no me dijiste que no te gustaba cómo lo usaba antes? Si me regala un vestido, pienso que lo hace porque no le gusta cómo me visto. Si le dice a mi mejor amiga que le gusta su perfume, yo pienso: ¿Y yo qué? ¿Huelo a vinagre? No sé por qué reacciono así. Sé que mis actitudes le molestan, pero es más fuerte que yo.”

¿Te parece exagerado? Puede ser, pero hay a quienes viven con este sufrimiento.





¿Qué hacer?

1- Modula tus reacciones.

En cuanto sientas que una reacción de este tipo va a surgir, práctica lo que se denomina “metacomunicación”, que es la expresión de las emociones. Nada mejor que poner en palabras lo que sentimos y lo que nos pasa. Es la única manera de solucionarlo. Dialoga y pide explicaciones a la persona que sientes que te ha lastimado. Plantéale estas preguntas: “¿qué es lo que sucede exactamente? ¿Por qué me has dicho eso? ¿Qué es lo que me reprochas concretamente?”

2- ¡Basta de proyectar!

Con el fin de ponerle un límite a la tendencia a interpretar las actitudes y los gestos de los demás como un ataque, verifica siempre si lo que percibiste está justificado. Plantea simplemente esta pregunta: “Tengo la sensación de que me evitas desde hace un tiempo, ¿me equivoco?”

3- Autoevaluarse.

Si tanta susceptibilidad te hace la vida imposible, si tu sensación de sentirte ofendido con cada crítica o comentario te impide relacionarte de manera adecuada con los demás, no dudes en buscar ayuda profesional. Sólo de esta manera podrás descubrir qué es lo que sientes y qué mecanismos inconscientes desencadenan estas reacciones.

¿Cómo podemos ayudar?

No cedamos al aislamiento de las personas susceptibles. Debemos entender que quienes se ofenden con tanta facilidad, están sufriendo. Es una forma de transmitir un mensaje que consiste en “sufro porque no soy respetado/querido/tomado en cuenta”.

Intenta restablecer la comunicación con estas personas porque eso significará una ayuda importantísima para ellos. Después de algún incidente, lo mejor es poner en palabras lo que está sucediendo: “Te noto triste. Sé que algo te molesta y no me gusta verte así. ¿Te gustaría que habláramos de eso?”

Los que están del otro lado muchas veces no entienden estas actitudes, pero hacer como si no pasara nada, solo confirma en las personas susceptibles que no nos interesamos por ellas.

No dudes en recurrir a un mecanismo muy práctico que es, reírse de uno mismo. De esta manera, demostramos que las cosas son relativas y que no hay ninguna tragedia en bromear sobre cuestiones personales.

¿Qué opinas sobre las personas que se ofenden por todo y por nada? ¿Conoces a alguien con estas características? ¿Alguna vez estuviste en esta situación? ¡Comparte y comenta!





Los consejos de saludable.guru son sólo para fines informativos y educativos. saludable.guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico ante cualquier duda que puedas tener sobre una condición médica.

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