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Una hermana es más que una amiga, es la mitad de nuestro corazón
Por Guru en Diciembre del 2017 en Espiritualidad

Ternura o rivalidad, unión o indiferencia, complicidad o celos: si las relaciones entre hermanas son a menudo pasionales, nunca son simples. ¿Por qué? Porque han compartido una infancia y sobre todo, un padre.

Clara, 25 años, cuenta: “Con seguridad mi hermana es la persona que más cerca siento en todo el mundo. Nos hablamos varias veces al día, nos contamos nuestros problemas y nuestras alegrías. Tengo otras amigas también muy cercanas, por supuesto, pero no es lo mismo. Con ella, hay algo más. Con una mirada nos entendemos y basta una palabra para decírnoslo todo.”

Una hermana es alguien especial con quien creamos un lazo que dura toda la vida y que va aún más allá de ser dos personas que pertenecen a la misma familia.

Las hermanas pueden convertir la casa en un campo de batalla o pueden ser el pilar cotidiano e inquebrantable sobre el que cada una de ellas se apoya.

Siempre van existir diferencias pero pasados los años de peleas por la ropa, los celos, la competencia; llegará un momento en que se hará evidente la importancia de conservar este lazo único e indestructible que supera cualquier otro tipo de relación que hayamos escogido.

Con cada hermana establecemos una conexión emocional, íntima y biológica tan particular que solamente todas aquellas mujeres que tienen hermanas saben muy bien el tesoro con el que cuentan y saben cómo valorarlo.

La historia de Elizabeth, de 45 años, es bien diferente: “mi hermana Cecilia ocupa un lugar poco ventajoso. Yo soy la mayor de tres hijas y ella es la del medio. Cuando nació, mis padres estaban un poco “decepcionados” porque esperaban un varón. Cecilia siempre pensó que había sido menos querida y que yo había tenido más suerte que ella. Pero en realidad, si una de las dos tenía razones objetivas para envidiar a la otra, esa era yo; porque Cecilia fue siempre una excelente alumna, es hermosa, alta y con unas piernas interminables. De hecho, ella hizo todo antes que yo. Se casó antes que yo y también antes que yo, fue mamá. Cuando me fui a trabajar a otro país, creí que ella lograría encontrar su lugar dentro de la familia pero en cuanto volví a casa, los conflictos recomenzaron.

Hoy que nuestros padres han muerto, pudimos hablar del pasado. Es cierto que mi madre y Cecilia siempre tuvieron una relación complicada y también es cierto que mi madre era mucho más tolerante conmigo, porque era la mayor, y no tanto con Cecilia. Pero en el fondo, sigo sin entender su celos, salvo por algo que recordé mucho tiempo después. La gente siempre le preguntaba mis padres: “¿tienen tres hijas? Creíamos que solo tenían dos.”





Hermanas, amigas y rivales.

Algunas hermanas han pasado años sin hablarse porque la vida y las circunstancias algunas veces nos ponen en situaciones extrañas y lamentablemente dejamos pesar el orgullo al igual que los conflictos y la falta de tacto. ¿Por qué no hablar cuando aún podemos? ¿No somos familia acaso?

Pero a pesar de la distancia, el orgullo y los enojos, el cariño por esa persona que es un poco una parte de nosotros, termina por imponerse y es muy difícil mantenernos separados durante mucho tiempo.

Tener una buena relación con una hermana exige una cuota de respeto, paciencia y comprensión al igual que una buena dosis de empatía. Esto implica también una comunicación franca y sincera.

A la larga siempre aparecen los recuerdos, un punto de conexión, un llamado telefónico o algo que nos une a través de la distancia y que deja de lado los reproches y las diferencias. Misma familia, distintas personalidades.

Resulta extraño muchas veces ver como los miembros de una misma familia que recibieron una misma educación y fueron creados por los mismos padres, resultan tan diferentes entre sí.

Algunas hermanas son rebeldes, dispuestas a la confrontación, a defender sus derechos siempre lista para alzar la voz, debatir y rebelarse. Mientras que otras son tranquilas y equilibradas y transmiten una sensación de cordura y paz que se convierten rápidamente en un lugar de refugio en donde nos sentimos reconfortadas. Son esas hermanas que nos apoyan, nos escuchan y nos entienden. ¡Y también dan buenos consejos!

No estamos diciendo con esto que los hermanos deben tener la misma personalidad, al contrario. La diversidad en una familia enriquece las personalidades de sus miembros y todos tenemos intereses y reacciones diferentes ante las mismas circunstancias.

Esto forma parte de crecer, de volverse adulto y de forjar el individualismo y la personalidad.

¿Notas rápidamente cuando a tu hermana le pasa algo sin que te lo diga? Seguramente a ella le pase lo mismo porque los lazos de sangre y esa unión emocional que trasciende todo lo imaginable, surgen en algún momento y percibimos que algo no está bien sin que nos lo digan.

Tal vez tengamos muchos amigos, una pareja u otras personas que integren la familia a quienes pedirles consejos o en quienes apoyarnos, pero una hermana comparte todo un bagaje de historias familiares y una herencia de sangre que harán que nos sintamos unidas más allá de los lazos de la afinidad.

No importa que hayas pasado mucho tiempo sin ver a tu hermana o que las separe un océano o miles de kilómetros, tu necesidad de saber sobre ella y preocuparte por cualquier cosa que le suceda es algo natural y hasta instintivo.

Siempre habrá una forma de contar con este apoyo de esa otra parte de nosotros mismos que a veces extrañamos tanto.


¿Quién puede ser más sincera que una hermana?

Ni tu amiga más íntima será la mitad de sincera de lo que puede ser tu hermana diciéndote una verdad con muy escasa diplomacia. ¿O acaso las hermanas dicen las cosas de otra manera?

Las hermanas no tienen obligación de ser condescendientes, ni buscan gustarnos ni se andan con vueltas. La sinceridad forma parte de este lazo familiar y en el fondo sabemos que no esperamos menos de ellas.

Nuestra hermana será siempre una amiga con la que hemos pasado por situaciones familiares que ambas entendemos, experiencias de la infancia a veces complicadas, fracasos de juventud, para luego llegar a la madurez con triunfos personales compartidos que nos dejan huellas en el corazón.

Con una hermana se comparte el amor por los padres y sabemos que hay alguien más que siente igual que nosotras. ¿Con quién si no vamos a compartir la tristeza cuando llegue el momento en que alguno de ellos deje este mundo? Una hermana entiende lo que siente la otra porque ella siente lo mismo.

Aunque nos hayamos alejado por algún malentendido, alguna disputa o hayamos antepuesto el orgullo, la vida es más simple de lo que pensamos y el apoyo entre hermanas y hermanos es un regalo excepcional que no debemos dejar pasar, que debemos aprovechar siempre que podamos y que tiene que estar por encima de cualquier diferencia.

¿Cuánto hace que no hablas con tu hermana? ¡Llámala hoy mismo!




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