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3 cosas que debes saber sobre las personas manipuladoras y cómo mantenerlas lejos.
Por Guru en Diciembre del 2017 en Espiritualidad

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¿Es posible ser pasivo y agresivo al mismo tiempo? En la mayoría de nosotros esto es poco probable. Sin embargo, estos dos rasgos contradictorios de la personalidad se unen y se combinan para definir un tipo de personalidad desconocido: el pasivo-agresivo.

Tal vez ya te haya pasado que entre las personas que conoces, hay una que logra irritarte con facilidad (más que otros). Por más que le pidas las cosas de manera amable y educada, se niega a colaborar. Aunque le expliques que necesitas terminar con un asunto lo antes posible, tienes la sensación de que pone trabas permanentemente para demorarlo todo. Pero en especial, lo que más indigna es que permanentemente refunfuña y se queja y da la sensación de que sólo le interesa estar encerrado en su burbuja.

Y aunque no estés seguro, sientes que debes desconfiar de esta persona porque sospechas que siempre está urdiendo un plan maquiavélico con el fin de perjudicarte. ¿Suena paranoico? No mucho, porque cuando se trata de la personalidad de alguien pasivo-agresivo, precisamente una de sus características más comunes, es la del placer por la venganza pero evitando el conflicto.

Lo primero que caracteriza a estas personalidades es el “sí, pero…” Son personas que dicen que “sí”, pero hacen “no”. Y más que aceptar las críticas que surgen como consecuencia de la inacción o de reconocer los errores, se quejan de los demás, se ponen en lugar de víctimas y acusan.

El comportamiento del pasivo-agresivo.

Sabemos que estamos en presencia de un comportamiento pasivo-agresivo cuando una persona enmascara a diario sus sentimientos y no nos asume. Puede tratarse del enojo, del rencor, de un malestar racional o incluso de una gran frustración. Adoptando numerosas actitudes pasivas, el sujeto resiste o evita las relaciones o los actos. Una actitud pasiva puede ser también una forma de impotencia.

Las personas sin darse cuenta, desarrollan un mecanismo de defensa que puede expresarse de distintas maneras, como por ejemplo:

- Quejarse con el fin de ser siempre la víctima.

- Mentir.

- Olvidar citas y compromisos.

- No asumir responsabilidades.

- Desear venganza.

- Actuar de mala fe.

- Ocultar deliberadamente sus sentimientos.

- Sentir temor a confiar en alguien.

- Demorar comenzar un trabajo, a menos que sepa que obtendrá un beneficio o una satisfacción con eso.

- Tener dificultad o imposibilidad de tomar una decisión.

- Ser perezoso.

El pasivo-agresivo suele mostrarse con una apariencia amable. Sin embargo, es un manipulador que presiona a su entorno y tiene tendencia a reprochar a otros los fracasos de los cuales él es único responsable.

Es obstinado y mentiroso además de extremadamente susceptible. Rechaza la competencia, la intimidad, evita expresar abiertamente su enojo que traslada a actitudes de venganza, revancha o gestos desagradables con los que lo rodean. Pierde fácilmente objetos, se muestra apesadumbrado, no acepta sugerencias de otros y deja para mañana lo que puede hacer hoy.

Un pasivo agresivo desea hacer fracasar al otro sin que nadie lo note. Le gusta provocar situaciones conflictivas a espaldas de los demás.

La pasividad agresiva es una violencia solapada y maliciosa al mismo tiempo que recurrente y destructiva para el cónyuge o el entorno familiar. Es bueno saber que el pasivo-agresivo se expresa a menudo de una manera mordaz o hace comentarios desagradables para luego defenderse diciendo que el interlocutor las malinterpretó. Incluso, suele encontrar excusas incoherentes a sus errores.





¿Cuál es el origen de este rasgo en la personalidad?

El pasivo-agresivo es una persona que se victimiza todo el tiempo. Tiene baja autoestima y se niega a confrontar. Opone una resistencia continua a los demás y está en el límite de los trastornos psicóticos.

En la mayoría de los casos, las causas de un comportamiento pasivo-agresivo remontan a la infancia, momento en el que el sujeto (hombre o mujer) no tuvo una autoridad paterna o no encontró en alguno de sus padres al menos una persona capaz de prohibir o ponerle límites.

Pero también pudieron haberse dado estas situaciones:

- Haber sufrido el autoritarismo permanente de un padre o madre tiránicos.

- Haber sido obligado a enfrentar responsabilidades demasiado complejas para un niño.

- Haber sido afectado por un narcisismo precoz.

¿Cómo actuar ante un pasivo-agresivo?

“Intentar llegar a un acuerdo con una persona que se encuentra en una postura pasivo agresiva puede resultar muy complicado”, explica el psiquiatra Félix-Antoine Bérubé. Para salir de un círculo de defensa pasivo-agresivo reflejo que puede hacer sufrir, la persona debe desear encontrar una solución con un terapeuta. Sin embargo, en general es el cónyuge, los compañeros de trabajo o el terapeuta mismo quien debe “negociar” con las defensas pasivo-agresivas de la persona.

Lo importante para salirse de las relaciones problemáticas, es lograr establecer una relación de confianza y de compañerismo, estableciendo términos de colaboración eficaz.

Responsabilizar a la persona confrontándola a sus contradicciones de manera calma y constructiva, puede ser interesante sobre todo dentro del cuadro de una psicoterapia.

Cuando nuestra pareja es un pasivo-agresivo.

El doctor Salomón Nasielski, especializado en problemas de pareja, explica que “todo depende de las reglas y de la política de acción que se fija en el seno de cada pareja. Vivir con alguien que siempre encuentra una forma de retenernos cuando estamos apurados, que no hace nunca lo que se le pide y se excusa todo el tiempo o se ubica siempre en una situación de negación, rápidamente puede volver la vida de alguien insoportable. Pero los problemas provocados por las conductas pasivo-agresivas, no son siempre exclusivas de este comportamiento y deben analizarse de manera más general. Estar en pareja, es estar con alguien que evoluciona con sus cualidades y defectos, el punto es saber cuánto puedo tolerar, cuáles son mis límites y cuáles son los que hemos fijado en conjunto para poder estar juntos.

Es así como puede suceder que un cónyuge incomodado habla francamente al otro y le explica que el problema lo origina él, que la solución a esta situación es un cambio de comportamiento. Pero, ¿la persona está en condiciones de comprender su problema? ¿Necesita realizar una terapia? Si el cónyuge no puede hablar, la terapia de pareja puede ser interesante y puede ser una solución. No existe un remedio milagroso. De una pareja a otra todo puede cambiar, no hay una única regla.”

¿Somos todos potenciales pasivo-agresivos?

“Si somos sinceros con nosotros mismos y damos prueba de honestidad, todos podremos recordar un momento en el que hemos tenido una actitud pasivo agresiva”, afirma el doctor Félix-Antoine Bérubé.

Desconfianza hacia la persona que nos pide algo, voluntad inconsciente de expresar tal o cual desacuerdo, impresión verdadera o falsa de estar siendo manipulado; los motivos de una reacción de defensa pasivo-agresivo sus numerosos. Obviamente es imposible contar la cantidad de personas que tienen un uso sintomático de los mecanismos de defensa pasivo-agresivo.

Sin embargo, podemos estimar que hombres y mujeres utilizan por igual este recurso. De modo que no debemos establecer estereotipos de “pasivo-agresivo” a un hombre o a una mujer que en una relación de pareja tienen dificultades para comunicarse. El hecho es que simplemente existen personas más introvertidas que otras a quienes les cuesta más confiar o que adoptan más a menudo posturas de defensa sin que esto sea necesariamente una patología.


¿Cómo actuar ante el pasivo-agresivo?

Este tipo de personalidad tiene que ver con un tipo de violencia solapada, muy difícil de identificar porque es insidiosa, sin golpes ni insultos. La agresión se traduce en pequeños detalles que parecen insignificantes. Es un tipo de trato sin maltrato pero injurioso que se refleja en ignorancia hacia el otro e indiferencia. Es decir, la agresión es realmente real y puede repetirse indefinidamente.

Existen dos métodos principales para enfrentar al pasivo-agresivo. La primera, pasar por alto la estrategia del “falso inocente” que consiste en jugar el mismo juego que el pasivo-agresivo y requiere de una inmensa capacidad de escucha y de control de sí mismo. El objetivo es identificar la incoherencia en las excusas dadas por el pasivo-agresivo, desarticular sus argumentos sin moralismos y sin juzgar e intentar de esta manera hacerlo entrar en razones.

La segunda, tiene que ver con la comunicación no violenta. La comunicación no violenta es más que una simple técnica, es un arte de vivir. Corresponde a la búsqueda de una conexión benevolente con el otro y a una forma particular de comunicar que tiene tres facetas: la observación de los hechos, la expresión de los sentimientos y de las necesidades y la formulación de un deseo.

El pasivo-agresivo puede cambiar su actitud pero necesita entender y ser consciente de su problema, que gracias a una terapia recibirá ayuda para analizar por sí mismo sus bloqueos, identificarlos y estar dispuesto entonces a superarlos.

¿Cuantos pasivo-agresivos conoces? ¡No dejes de compartir estas características de una personalidad tan particular!




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