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¿Por qué será que los insectos nos provocan tanto miedo?

“Todos somos valientes hasta que la cucaracha vuela”. Este dicho popular puede sonar muy gracioso, pero para muchas personas los insectos no tienen nada divertido. Y no creamos que es solamente una cuestión de mujeres, que es verdad que somos muy aprehensivas a los insectos y otras alimañas, porque también muchos hombres, que juegan a ser valientes cuando se trata de eliminarlos, necesitan reunir una cuota extra de valor para enfrentarse a ellos.

¿Por qué será que los insectos nos provocan estos sentimientos?

La pequeña arañita que encontramos detrás de un mueble puede parecer inofensiva, pero a nosotros no nos inspira confianza y puede provocar en muchas personas verdaderos ataques de pánico.

Esta intrusión en nuestro espacio vital por parte de los insectos, es inaceptable. Algunos pueden mostrarse absolutamente indiferentes, pero la gran mayoría de los mortales experimentan un rechazo visceral y un asco a veces sobredimensionado.

¿Cómo puede ser que un pequeño animalito que es miles de veces más pequeño que nosotros pueda hacernos huir a toda velocidad o provocarnos una taquicardia súbita? Esta reacción se explica por un lado porque el conocimiento del peligro y el miedo digamos “normal”, funciona como un sistema de alarma. Por ejemplo, sabemos que las abejas pican, en consecuencia, nos alejamos de ellas.

Pero particularmente, nuestra aversión tiene que ver con la naturaleza del insecto propiamente dicha, explica la psicóloga Beatriz Cooper. “Los insectos pertenecen al mundo de lo infinitamente pequeño, que nos es completamente desconocido, y todo lo que es desconocido, molesta y provoca miedo. Por otra parte, sus movimientos imprevisibles nos hacen pensar en que podemos ser atacados de manera sorpresiva y esta ausencia de control nos resulta completamente desagradable.”

Un miedo ancestral.

Así como los hombres se sienten atraídos por mujeres voluptuosas y con curvas porque en su inconsciente existe la idea de que esas mujeres les darán hijos fuertes y resistentes, de la misma manera, las teorías psico-evolutivas, indican que la memoria colectiva imprimió en nuestro inconsciente una serie de peligros que amenazaron al hombre a lo largo de su evolución. Los insectos forman parte de estos peligros a los que los hombres de la prehistoria aprendieron a temer porque descubrieron que las picaduras y las mordeduras podían provocar la muerte. Desconfiar de los insectos les permitió a nuestros ancestros sobrevivir.

Asimismo, las especies que reptan también provocan una repugnancia que es instintiva. Los gusanos y las cucarachas se asocian a la suciedad, a la contaminación de los alimentos y en consecuencia, a las enfermedades. Lo mismo sucede con las ratas y otros roedores que provocaron pestes a lo largo de la historia.

Estos miedos ancestrales también fueron instalados en el imaginario colectivo a través de los cuentos o las historias en donde siempre se asocia a los insectos con imágenes negativas. Por ejemplo, en una casa encantada no pueden estar ausentes las arañas.

Por otra parte, este miedo es aprendido. Difícilmente un niño tenga miedo a los insectos si un adulto no le ha hecho saber que debe tenerlo. La educación y la vivencia de cada uno tienen mucho que ver, porque son los padres quienes transmiten el miedo. Los niños son curiosos por naturaleza y siempre están ávidos por explorar… hasta que los adultos ponemos fin a su curiosidad por medio de nuestras angustias.





¿Qué hacer?

1) Calma.

Cuanto menos conocemos el motivo de nuestros miedos, más terror nos provocan. Cuanto más lugar le dejamos a la fantasía, más crece nuestro pánico. En una palabra: tratemos de racionalizar el miedo y quitarle tanto sentimiento. Intenta mirar fotos de insectos e incluso vídeos. Evalúa el verdadero peligro que representan. De esta manera, el miedo tomará su justa medida.

2) Respirar.

¿Encontraste una araña en el techo? ¿Viste correr a una cucaracha detrás de un mueble? No huyas, porque la huida aumenta el miedo. Dejarse invadir por la emoción puede transformar una simple aprehensión en un ataque de pánico. Respira profundo y evalua de manera tranquila la situación: ¿quién de los dos es más fuerte? ¿Quién corre realmente peligro? ¿Un pequeño animalito miserable o yo, que estoy armada con un zapato o una escoba? Analicemos eso por un momento.

3) Consejos para el entorno.

Los que no sienten ningún tipo de emoción en particular cuando se enfrentan a un insecto, muchas veces no logran entender el miedo que sienten otros.

Para poder ayudar, es necesario intentar entender. Piensa en tus propios miedos (todos tenemos alguno) antes de burlarte de alguien que tiembla frente a una araña. No tiene sentido obligar a alguien a hacer algo que no puede hacer o incluso hacerle bromas al respecto. La persona transformará su miedo en hostilidad en lugar de pensar en tratar de superar la situación.

Por otra parte, no debemos permitir sacrificar una salida o renunciar a un paseo al aire libre por miedo a encontrarnos con un insecto. Tal vez es precisamente la ocasión para terminar con los miedos y hacer que sean más las ganas de pasar un buen momento compartiendo con otros.

¿Cómo enfrentas tu miedo a los insectos? ¡Cuenta tu experiencia y comparte!





Los consejos de saludable.guru son sólo para fines informativos y educativos. saludable.guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico ante cualquier duda que puedas tener sobre una condición médica.

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