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¿Por qué no es bueno discutir en frente de los niños?

Las desavenencias entre dos personas forman parte de la vida y subrayan la posición singular de cada una frente a la necesidad de marcar una diferencia con el otro.

De esta manera, cuando surge una disputa entre padres, tal vez debamos visualizar que puede ser realmente constructivo para un niño presenciar esta escena y ser testigo de que puede resolverse por medio de las palabras y dentro de un marco de respeto de uno hacia el otro. El niño que vive esta situación, encuentra la oportunidad de generar una experiencia en cuanto a que los conflictos se solucionan hablando.

Pero cuando surge una dinámica de falta de respeto, de descalificación, de insultos e incluso de uso de la fuerza física, la disputa parental es perjudicial para el niño. Las pruebas demuestran que los niños que deben presenciar situaciones de violencia o actitudes y palabras hirientes, lo hacen en medio de un gran sufrimiento.

Niños atormentados.

Sin tener nada que ver, el niño se ve expuesto a un clima de violencia que empieza a incorporar como un hábito cotidiano y que instala en él la idea de que la resolución de los conflictos se realiza a través de la ley del más fuerte, lo que lo predispone para mal en relaciones futuras, escolares y profesionales.

Cuando los padres no logran resolver sus diferencias por medio de la palabra, y caen irremediablemente en situaciones de violencia física o verbal, los niños no deberían estar presentes durante estos conflictos porque todo esto puede tener consecuencias graves para ellos.





Las disputas generan sentimientos negativos como, por ejemplo:

Incomprensión: los niños se preguntan si son ellos la causa del conflicto.

Miedo: los niños pueden sentir miedo de que sus padres se separen.

Tristeza: el niño vive con tristeza que su familia, que constituye la base de su sentimiento de seguridad, viva en la violencia.

Inquietud: el niño puede preocuparse por el bienestar de sus padres y evitar expresar sus propias necesidades y dificultades para atravesar esta situación. Esto aumenta los riesgos de que los niños desarrollen cuadros de ansiedad.

Aumento del estrés: los conflictos entre los padres generan un incremento del estrés en los niños. Al momento en una pelea o discusión, los niños sienten que algo no está bien aun cuando no comprenden por completo el sentido de las palabras. De todas formas, pueden sentir las frustraciones o la cólera de uno de sus padres hacia el otro, aunque no esté expresada en palabras. Los niños comprenden un tono de voz firme, seco y fuerte. Se dan cuenta de que los padres no sonríen, que tienen los rostros tensos y que están menos receptivos a sus demandas. Pueden sentir que sus movimientos son bruscos y sus demostraciones de cariño poco genuinas.

Por otra parte, al estar su cerebro aún en pleno desarrollo, los niños son incapaces de comprender concretamente qué es lo que pasa y esto aumenta su nivel de inseguridad y estrés.

Afecta el desarrollo cerebral del niño: según las investigaciones sobre las neurociencias, todo lo que hacemos con los niños, lo que hacemos frente a ellos y todo lo que perciben del mundo, crea conexiones en su cerebro.

A medida que nos hacemos grandes, vamos a reproducir las conexiones que fueron más utilizadas. Esto quiere decir, que los hábitos de los padres incluidas las formas en que discuten o pelean, crean estructuras directas en el cerebro de los niños, particularmente en la primera infancia.

¿Las disputas son siempre negativas?

Las disputas durante las cuales los padres discuten, pero se demuestran respeto tienen menos efectos negativos en el niño, aunque lo más probable es que tampoco comprendan y se sientan incómodos.

Pero como señalamos anteriormente, también puede ser una forma de “enseñar” que los conflictos sociales se resuelven cooperando, escuchando, reconfortando, consolando y ayudando. Esto tendrá incidencia directa en sus futuras relaciones, independientemente de cualquiera sea su naturaleza.

¿Cómo evitar los conflictos frente a los niños?

Tome en cuenta estas consideraciones para evitar que estalle una discusión entre usted y su pareja frente a los niños.

- Determine cuáles son los factores que incrementan el riesgo de conflicto. Recuerde que los niños se vuelven expertos en los comportamientos que ven a repetición y saben cuáles son los que pueden desencadenar una disputa. ¡Evítelos!

- Reserve de 10 a 15 minutos, luego de que los niños acuesten, para conversar con su pareja sobre los conflictos a resolver. Pero tenga en cuenta que, si el tono sube, los niños escuchan aun cuando estén durmiendo.

- Establezca códigos con su pareja para indicarse mutuamente que es preferible hablar de determinado tema más tarde, cuando los niños no estén presentes.

- Si siente que la tensión aumenta, puede expresarlo frente a su pareja y a los niños con palabras. Explique que, si bien se siente disgustado, prefiere calmarse respirando profundamente, saliendo a caminar un poco y retomando la charla con mayor tranquilidad después. Esto enseña al niño a que podemos mantener bajo control las emociones.

¿Cómo proteger a un niño en el momento de una disputa?

Si la discusión es inevitable y los niños están presentes, existen algunas consideraciones que puede tomar en cuenta para reducir los efectos negativos.

- Evite gritar.

- Intente detener conflicto antes de que crezca en demasía, y explique al niño que primero intentarán calmarse para hablar más tranquilos después.

- No niegue el conflicto si el niño ha visto o escuchado una discusión. Háblele del tema sin criticar a su pareja. Intente dejar explicar al niño qué fue lo que sintió y simplemente escúchelo. Luego, tranquilícelo diciéndole que, aunque su pareja y usted estén enojados, de igual manera se quieren el uno al otro.

- Explique al niño que no es responsable del conflicto y que siempre lo van a querer. Sus palabras y sus gestos tranquilizan, no lo olvide.

- No se muestre exageradamente gentil con su pareja para compensar el mal momento, porque el niño lo notará.

- Cuide que el niño no se vea forzado tomar partido por uno u otro, porque esto podría hacerlo vivir lo que se llama “conflicto de lealtad”.

- Evite las excusas de tipo “hoy tengo mal día” o “estoy enojada y punto”. Recuerde que sus palabras no se condicen con lo que vive en realidad, el niño lo sabrá. Frente a esta contradicción los niños podrían sentirse inseguros.

- Si el motivo de la discusión tiene que ver con el niño, hable del tema en su ausencia. Es importante para el niño constatar que usted y su pareja forman un equipo y que tienen objetivos en común en lo que se refiere su educación. Esto lo hará vivir un sentimiento de seguridad interior.

¡Muy importante!

- Los bebés y los niños sienten el mismo estado emocional que sus padres cuando se pelean.

- Los hábitos de los padres incluidos los de la comunicación y de la resolución de conflictos tienen efectos en el cerebro del niño.

- Frente a opiniones diferentes, intente discutir respetando al otro y dando prueba de empatía y del arte de saber escuchar.

- Haga saber al niño cuando el conflicto se haya solucionado tal vez no tanto en palabras, sino con actitudes y gestos. Esto le hará ver que a veces surgen problemas y que no todo es “color de rosa”, pero que también es posible superar los desacuerdos.

¿Qué opinas con respecto a las discusiones frente a los niños? No dejes de compartir estas recomendaciones tan importantes que tienen que ver con la salud mental y emocional de nuestros hijos. ¡Comparte tu experiencia!





Los consejos de saludable.guru son sólo para fines informativos y educativos. saludable.guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico ante cualquier duda que puedas tener sobre una condición médica.

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