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Perder una mascota puede doler tanto como perder a un ser querido. ¿Por qué?
Por Guru en Diciembre del 2017 en Espiritualidad

“Reunió sus últimas fuerzas para venir a apagarse entre mis brazos. La acaricié y le hablé hasta el último momento. Intenté darle calor, pero sentía cómo su cuerpo se iba enfriando. Murió a medianoche y aún hoy, cada vez que lo recuerdo, pienso en ella y siento ganas de llorar.” Florencia cuenta que perdió a su gata “Mary” en el año 2013 y a pesar del tiempo transcurrido, el dolor que causó su pérdida sigue presente.

Somos muchos los que compartimos esta pena y sabemos lo que se siente al perder a nuestras mascotas de compañía porque son mucho más que un animal.

Un verdadero compañero de vida.

Cualquiera sea la mascota que tengas, no te juzga, no te cela, no te engaña y te ama tal cual eres. Y esto es algo que un humano nunca podrá hacer.

Son muchos los que sienten que su animal de compañía es un verdadero compañero de vida del que aprenden cosas, con el que se conectan y que pasa a ser un miembro de la familia. ¡Y ni hablar para los niños! Que sienten a su mascota como un hermano y un compañero de juegos.

Nuestras mascotas son tan importantes en nuestras vidas que su muerte crea un inmenso vacío y el duelo es también inmensamente doloroso.

Valeria cuenta que la pena por la muerte de su perro fue tan grande que la obligó a ver las cosas de otra manera y que ese dolor le hizo evidente una realidad existencial: No somos eternos.

Afrontar la incomprensión de los otros.

“Se murió un animal, no una persona”, “No te pongas así por un gato”, “Consigue otra mascota y listo”. Son todas las cosas que solemos escuchar cuando perdemos a nuestro amigo de tantos años y que sólo suman más dolor y enojo.

Fue lo que experimentó Valeria cuando tuvo que enfrentar la muerte de su perro, compañero durante 15 años. “¿Cómo se atreven a relativizar la muerte? Mi perro estaba conmigo las 24 horas del día. Era en quien volcaba mis emociones, un referente de cada día.”

Muchas veces las manifestaciones de dolor son criticadas por otros que no entienden lo que significa la muerte de una animal de compañía. Es muy difícil compartir la angustia y la desesperación. Las personas que nunca vivieron una relación intensa con un animal no pueden comprender la conmoción y el sufrimiento que se siente. Incluso para muchos, la muerte de un animal de compañía será más dolorosa que la muerte de un familiar. Esta pena es propia de cada uno y depende de la historia de vida. No podemos comparar y jerarquizar los sufrimientos de otros.





Pero aunque sea difícil hablar de esta pena, es importante de todas formas hacerlo.

Marina von Allmen es médica veterinaria y explica que “callar no hace más que agravar e intensificar la tristeza así como complicar y prolongar el proceso de duelo. Las emociones guardadas y calladas se imprimen en lo más profundo de nuestro ser para volver a aparecer de manera regular en la superficie en un momento u otro.” Y si el entorno no comprende este dolor, o no sabe cómo ayudar, es bueno pedir consejo a un médico veterinario, un grupo de ayuda o un profesional que acompañe el duelo para no tener que atravesarlo en soledad.

Es difícil hacerles extender a otros el lugar que los animales ocupan en nuestras vidas. Existen varias hipótesis al respecto y una de ellas consiste en que en las sociedades industrializadas, el concepto de familia tiende a desaparecer al punto tal de que los animales de compañía son la única manera de colmar la falta de afecto y de aislamiento. De igual forma, en las familias en donde encontramos mayor cantidad de animales son precisamente las que tienen niños.

Otra hipótesis consiste en explicar que la psicología de los animales de compañía ha cambiado. Precisamente porque han estado en contacto con seres humanos que los trataron de manera maravillosa. Para decirlo de otra forma, los animales se volvieron más agradables y simpáticos, lo que facilita la adopción y una mejor y más fuerte integración en el seno de una familia.

¿Entonces quiere decir que no debemos estar tan apegados a nuestro perro o nuestro gato? El sociólogo Michel Fize, escribió un libro llamado “Gracias Will y hasta pronto”, luego de la muerte de su perro labrador y cuenta que siempre fue un perro alegre, fiel y que cuando mantenemos un estrecho lazo con una mascota durante muchos años es difícil no encariñarnos al punto de no llorar su pérdida.

Vivir un proceso de duelo.

Negación, enojo, culpa, depresión, aceptación… El duelo de un animal se compone de las mismas etapas que en un ser humano. Etapas que no se atraviesan forzosamente dentro de un orden preestablecido sino que entre ellas pueden surgir interrupciones y aparecer en momentos en que experimentamos otros duelos u otras tristezas.

A menudo el enojo que sentimos está dirigido hacia nosotros mismos y a la idea de que le hemos fallado a nuestra mascota. Eso, nos hace sentir culpables.

No haber estado presentes durante sus últimos minutos, haberlos retado algunas horas antes de su muerte, no habernos ocupado lo suficientemente bien de ellos… Son muchas las razones por las cuales nos sentimos culpables cuando nuestro animal de compañía muere.

La doctora veterinaria Marina von Allmen, explica que este es un paso casi obligatorio por el que todos atravesamos pero intenta reconfortar a los propietarios de los animales diciéndoles que ellos no sienten rencor hacia nuestra forma de actuar o nuestras faltas. Pero a muchos, esto no los consuela y no pueden evitar sentirse responsables.

Ofelia, recuerda que no tuvo más remedio que dejar a su gata en casa de sus padres durante un viaje de trabajo: “A mi gata la atropelló un auto cuando cruzaba la calle. Me dije a mí misma que tal vez se sintió abandonada y que estaba tratando de encontrarme. Aún hoy me siento responsable. Ni siquiera pude despedirme de ella.”

No poder decirle adiós es un lamento y una pena muy común entre quienes pierden su animal de compañía. La doctora Marina von Allmen explica que “al igual que los seres humanos, algunos animales esperan que nos vayamos y no estemos presentes al momento de morir, pero otros; desean nuestra presencia. Esto depende de la personalidad de cada animal pero también de nuestra manera más o menos consciente de querer retenerlos con nosotros.


Adoptar otro animal de compañía.

Por miedo a no ser capaz de cuidarlo lo suficiente, de traicionarlo o de sufrir de nuevo; otros dueños de mascotas como Virginia, se dijeron que no podrían volver a tener nunca más otro animal de compañía. “No quise volver a tener otro perro porque me causó un dolor enorme perder a mi “Chuk”. Yo lo sentía realmente mi amigo como pocos he tenido. Es irremplazable.”

La veterinaria explica que “adoptar un nuevo animal de compañía para que reemplace al anterior es como no rendir homenaje al que acaba de abandonarnos, pero tampoco es brindarle un amor incondicional al recién llegado. El riesgo es volver a tener una mascota condenada a no ser como la anterior.” En el caso de quienes tienen preferencia por una raza en particular, se aconseja elegir un animal de color y sexo diferentes. Sin olvidar que cada animal tiene su personalidad y sus particularidades.

Decidirse a tener una nueva mascota puede ser algo muy personal pero también depende de cómo haya muerto nuestro animal de compañía. Cuando lo hemos acompañado en una enfermedad o durante su vejez, el proceso de haberlo visto declinar en su salud es una forma de hacer un duelo previo a su muerte. Este proceso es diferente. Pero cuando se trata de un accidente o de una muerte violenta, el impacto es tan importante que no se recomienda volver a tener otro animal inmediatamente.


Precisamente, esta duda es la que nos demuestra que un animal de compañía no es simplemente un animal, sino alguien a quien valoramos al punto tal de que sabemos no puede ser reemplazado de un día para el otro. Todo tiene un proceso.

Emocionalmente, siempre lamentaremos la muerte de nuestro animal de compañía. La nostalgia se atenúa y va desapareciendo cuando empezamos a pensar en nuestro animal de una manera dulce y rememorando buenos recuerdos y anécdotas divertidas. En este momento estamos listos para volver a enamorarnos de otra mascota así como para abrir una nueva página en nuestras vidas.

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