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Mi abuela me enseñó: cuando tengasla razón no discutas. Y cuando te equivoques quédate callada.
Por Guru en Marzo del 2019 en Buenos Hábitos

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“Si tienes razón, no discutas. Si no tienes razón, no discutas.” ¡Qué importante sería que muchas personas entendieran de qué se trata esto! ¿A cuántos conocemos que aun estando en lo cierto insisten en discutir una verdad? ¿Y a cuántos más, muchos más, conocemos que no nos dan tregua y persisten de manera empecinada en tratar de convencernos de algo en lo que no tienen razón?

Tanto unos como otros, resultan agobiantes.

Los puntos de vista de unos y otros, son totalmente subjetivos. Es decir, si yo insisto en que el color blanco es más lindo que el negro y otro dice lo contrario, no podemos establecer una verdad, simplemente porque nadie puede afirmar o negar algo que tiene que ver con el gusto o la preferencia.

Pero en ocasiones, quienes están en lo cierto y tal vez con la mejor intención, intentan transmitir una verdad que los demás no están dispuestos a aceptar. Las personas explican, dan ejemplos, argumentan, presentan pruebas… Nada. Los interlocutores, no hacen acuse de recibo y no entienden o no quieren entender la verdad y la evidencia que tienen frente a sus ojos. Y entonces nos preguntamos, ¿de qué sirve insistir? ¿Por qué perder energía y tiempo con quien no quiere ver una verdad o ni siquiera quiere detenerse a analizar el punto que se está discutiendo?

Después de estar horas intentando llenar un barril sin fondo, entendemos que discutir, aun teniendo razón, nos perjudica y no lleva a ninguna parte. Porque tampoco debemos perder de vista, que los debates deben ser enriquecedores y debemos sacar algo positivo de ellos.





¿Y qué pasa en el caso inverso? ¡Esto es aún peor! Las personas obstinadas y tercas que persisten en su error sin advertirlo y que además, pretenden obligarnos a aceptarlos, son realmente exasperantes.

Nos presentan sus “verdades” como hechos tales como que el sol sale por la mañana y pretenden convencernos de ello.

Estas personas son fáciles de reconocer:

- Discuten para ganar.

- Sólo buscan explicar hechos que refuercen su propia opinión, y dejarán otros de lado.

- No se permiten ningún tipo de apertura mental.

- No les gusta ser interrumpidos.

- Insisten hasta que les dan la razón.

- No quieren escuchar argumentos contrarios a lo que ellos expresan.

- Cuando sienten que sus argumentos no son sólidos, se cruzan de brazos, se reclinan en la silla y eluden el contacto visual.


Llegamos a la conclusión de que tanto unos como otros, debemos aprender a respetarnos, a escuchar, a aceptar, a ser tolerantes y a entender que las diferencias de opiniones, hacen que el mundo sea maravilloso, porque en la diversidad está la perfección.

¿Qué te inspira este tema que acabamos de tratar? Comenta y comparte tus opiniones.





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