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Soy una Dama, pero cuando me enfado...
Por Guru en Mayo del 2019 en Buenos Hábitos

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Enojarse, salirse de las casillas, montar en cólera, enfurecerse, perder los estribos, salirse de quicio, ponerse frenético, estar fuera de sí… ¿De cuántas maneras podemos expresar la furia? Con palabras y expresiones como estas, podemos dar a entender lo que sentimos, pero la manera más elocuente es la actitud que tomamos.

Todos sabemos que mantener la calma es lo mejor que podemos hacer. De eso no hay duda. Pero… ¿Cómo se hace? ¡Nada fácil!

Seguramente recuerdas el personaje del increíble Hulk. Un hombre común y corriente recibe por accidente una dosis de rayos gamma que le provoca una mutación fisiológica. En momentos de estrés, se genera una metamorfosis en su cuerpo y estalla poniéndose verde de furia.

De nada sirve intentar razonar con él. Hulk, arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

Bien, todos tenemos un poco de Hulk dentro de nosotros mismos. Cuando nos sentimos amenazados, nos crispamos al punto de volvernos temibles, para luego volver a ser la persona dulce y amable que todos tenemos en nuestro interior. ¿Ya te pasó?

A no asustarse… a todos nos pasa algo parecido. Estallar cuando ya hemos soportado demasiado, es natural y sano por otra parte. Alguien que siempre se mantiene impávido y actúa como un espectador de todo lo que le sucede, es una persona que podría considerarse peligrosa, porque no sabemos cómo reaccionará cuando finalmente no pueda soportar más. Esas reacciones pueden ser muy, pero muy violentas.

A veces vemos en la calle a mamás retando a sus hijos y pensamos, “¡qué poca paciencia!”, pero no sabemos si esta mujer está pasando por una situación difícil, con problemas económicos, con una relación de pareja en crisis o viene arrastrando angustias desde hacer rato. Tal vez los niños tuvieron un día particularmente “intenso” y a esta mamá ya se le acabó la paciencia. Seguramente después, vuelve a abrazarlos y a besarlos como lo hace todos los días, porque por otra parte, esa es una condición primaria en las madres: todo lo perdonamos.





La transformación.

A nosotros no nos afectan los rayos gamma, sino las hormonas y reemplazamos el color verde por el rojo, pero el resultado es muy parecido: cuando nos enojamos, nuestro cuerpo se transforma. Nuestros rasgos faciales se crispan y se tensan, la mirada se endurece, las cejas se fruncen, la voz cambia, el pecho se hincha, las manos se preparan para el combate y una descarga de adrenalina invade nuestro cuerpo: ¡Estamos furiosos! Y esta sensación de peligro en la que entramos, desencadena reacciones primitivas que van variando dependiendo de cada persona y del motivo del enojo.

La transformación aparece cuando se activa nuestro modo “combate” para sobrevivir. Enfrentamos a nuestro adversario o a la situación que nos enoja, enviando un mensaje bien claro: “No te metas conmigo porque me puedo enojar”. Este mecanismo está grabado en lo más profundo de nosotros mismos, desde la época en que nuestros ancestros estaban expuestos a todo tipo de peligro. Desde los animales salvajes, hasta otros hombres que podían amenazarlos. Hoy, se activa por otros motivos.

Recobrando la calma.

Pero incluso al Increíble Hulk el enojo se le pasa. No quiere dañar a nadie y al final, lo lamenta. A nosotros nos pasa lo mismo. En actitud de lucha, tenemos la mente puesta en el atacante, somos directos, concretos y agresivos, pero… cuando el enojo pasa, nos sentimos culpables de haber dicho algo que realmente no sentimos o que de verdad no pensamos. Tratamos en un primer momento de culpar al otro, porque es más fácil, pero bien sabemos que lo que hicimos o dijimos, no estuvo bien.

Tal vez no podamos evitar ponernos verdes la próxima vez que nos enojemos, pero sí podemos disculparnos por haber dicho palabras hirientes, o por haber hecho, lo que no tendríamos que haber hecho. Explica tus razones para enojarte, perdona a tu “adversario”, a quien seguramente se le activó el mismo mecanismo, y perdónate a ti mismo por ser humano. Sabemos que puedes volver a ser la persona amable y gentil, dispuesta a ayudar y a colaborar, una vez que la furia se aplaca.

¿Cómo haces para controlar el enojo? ¿Eres capaz de disculparte después de haberte enojado? ¡Comenta y comparte!





Los consejos de Saludable.Guru son sólo para fines informativos y educativos. Saludable.Guru no es un sustituto de consejos médicos profesionales, de diagnósticos o de tratamientos. Siempre consulta a tu médico ante cualquier duda que puedas tener sobre una condición médica.

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