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Ansiedad: Este es el top 10 de las consecuencias para tu salud.

¿Sabías que los trastornos de ansiedad pueden tener graves consecuencias para tu salud?

Está claro que nadie quiere sentirse estresado o ansioso, pero cuando la ansiedad se vuelve crónica, su impacto varía de una simple preocupación a un verdadero riesgo para la salud. Ya sea que tu episodio de ansiedad sea un evento aislado debido al estrés elevado o una potencial víctima de un trastorno de ansiedad crónico, la reacción física a esta emoción puede tener un impacto mucho más serio del que pensabas.

Incluso quienes no sufren de episodios de ansiedad o de ataques de pánico, también resienten su salud cuando se ven afectados por episodios breves de estrés o de tensiones.

Éstos son los impactos que la ansiedad genera en tu salud aun cuando sea un breve episodio o largos períodos de angustia.

1) Problemas en la garganta. Ésos cambios en la voz que la vuelven más gruesa o ronca, parecen haber tomado el control de tus cuerdas vocales y son una reacción inmediata a una situación de estrés. Cuando los sentimientos de ansiedad se instalan, nuestro cuerpo redistribuye sus fluidos a lugares que considera esenciales, lo que provoca un espasmo de los músculos de la garganta que al mismo tiempo genera contracción y hace más difícil la deglución.

2) Reacciones hepáticas. Cuando nuestro cuerpo se ve afectado por el estrés o la ansiedad el sistema suprarrenal produce una cantidad importante de cortisol, que es la hormona del estrés. La presencia de cortisol en grandes cantidades provoca una mayor producción de glucosa por parte del hígado con el objetivo de proveer energía en vista de que el cuerpo se ve amenazado y responde al reflejo de “combate-huida”.

En la mayoría de las personas, este exceso de glucosa huele ser absorbido por el cuerpo sin mayores dificultades, pero para las personas con predisposición a la diabetes, este exceso de glucosa podría tener efectos nefastos en su salud.

3) Reacciones cutáneas. Ésos sudores fríos o las mejillas arreboladas, son signos inmediatos de reacción al estrés y esto provoca cambios en el flujo sanguíneo. Cuando estamos ansiosos y nuestro cuerpo adopta el modo “combate-huida”, este redirige una mayor cantidad de sangre a los músculos que se trata nada más y nada menos que de un reflejo muy útil cuando es necesario. Sin embargo, si esta reacción dura mucho tiempo o se produce muy a menudo, puede generar diversas reacciones en la piel como ser un envejecimiento prematuro, sudoración inhabitual e incluso un aumento de las histaminas lo que puede generar inflamación. Según la University of Maryland Medical Center, los episodios severos de estrés o ansiedad pueden incluso provocar crisis de eczema.

4) Un bazo hiperactivo. La ansiedad no afecta solamente los órganos más evidentes como el cerebro o el corazón, también afecta otros órganos que tienen una función interna como es el caso del bazo. Con el fin de proveer más oxígeno al cuerpo, el bazo segrega mayor cantidad de glóbulos rojos y blancos. Durante este proceso de reacción, el flujo sanguíneo aumenta de 300% a 400% en respuesta al reflejo “combate-huida”.

5) Tensión muscular. Cuando la ansiedad nos domina, el cuerpo se crispa de manera natural algo que puede tensionar los grupos de músculos más importantes. El estrés o la ansiedad crónica pueden exacerbar esta tensión, lo que genera dolores de cabeza, hombros tensos, dolores de cuello e incluso migrañas. Las personas que permanentemente están estresadas tienen mayor riesgo de sufrir trastornos músculoesqueléticos crónicos.

6) Impacto cardíaco. Las personas que sufren de estrés o ansiedad crónica tienen mayor riesgo de generar problemas cardiovasculares como consecuencia de su ritmo cardíaco constantemente elevado y de su hipertensión arterial y sobreexposición al cortisol. Según la American Psychological Association, una exposición prolongada al estrés puede provocar hipertensión, arritmias y un riesgo más elevado de infarto o de accidente cerebrovascular.

7) Riesgo pulmonar. Los estudios demostraron que existe una conexión entre los trastornos de ansiedad y el asma. En efecto, los asmáticos son más susceptibles a los ataques de pánico. Según otro estudio realizado en la Universidad de San Pablo, también existiría un lazo entre la ansiedad, el asma y el equilibrio.





8) Impacto cerebral. La reacción a la ansiedad más notoria es nuestra reacción psicológica. El estrés y la ansiedad crónicas afectan zonas de nuestro cerebro que son responsables de la memoria a corto y largo plazo además de estar implicadas en ciertas reacciones químicas de nuestro organismo, lo que puede generar al mismo tiempo desajustes hormonales.

Además, el estrés crónico estimula permanentemente el sistema nervioso, lo que a su vez, puede tener un impacto sobre otros sistemas de nuestro organismo desencadenando reacciones físicas inútiles que provocan particularmente cansancio y fatiga.

Las personas que sufren de ansiedad tienen dificultades para dormir, principalmente por que no dejan de darle vuelta a sus inquietudes. Según datos brindados por la Anxiety and Depression Association of America, el 54% de las personas afectadas por crisis de ansiedad afirman que el estrés tiene un impacto sobre la capacidad para conciliar el sueño y de este número, el 50% de los hombres y el 40% de las mujeres, afirman que esto tiene un impacto en su nivel de concentración al día siguiente.

9) Impacto inmunológico. La exposición al estrés puede tener un efecto nefasto sobre nuestro sistema inmunitario que se ve debilitado e incluso anulado por la presencia del reflejo “combate-huida”. Estudios han demostrado que cuando estamos estresados somos más susceptibles de contraer un resfrío o somos más vulnerables a las infecciones y a las inflamaciones.

10) Trastornos estomacales. Cuando reaccionamos al estrés, nuestro cuerpo no regula de manera adecuada las funciones digestivas. Un estrés crónico o agudo puede al mismo tiempo tener efectos a largo plazo sobre nuestros intestinos y sobre las sustancias nutritivas que allí se absorben, lo que puede provocar reflujo gástrico, dolor estomacal, diarrea e incluso la pérdida completa del control intestinal.

Un estrés o una ansiedad a largo plazo pueden también tener un impacto sobre nuestro metabolismo que puede provocar sobrepeso u obesidad.

Un estudio demostró que la secreción constante de cortisol puede generar una pérdida de sensibilidad a la insulina, mientras que otro estudio estableció una conexión entre la ansiedad y la presencia de úlceras, en adultos.

¿Sufres de ansiedad, estrés o ataques de pánico? ¿Conoces a alguien que esté atravesando esta situación? ¡Comparte esta información!





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