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De nada te sirve ir a la Iglesia si criticas a los demás. ¿Por qué lo hacen?
Por Guru en Mayo del 2019 en Espiritualidad

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Los cristianos y particularmente los católicos practicantes, asumimos las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo como un modo de vida. Pero aún entre los cristianos, se esconden los Judas. Esos nunca faltan.

Quienes entendemos y creemos de verdad en el amor al prójimo, la compasión, la tolerancia, el perdón y tantas cosas buenas por las que el propio Cristo murió en la cruz, asumimos que todos los que se dicen cristianos también comparten estas enseñanzas destinadas a una mejor convivencia y en definitiva, a crear un mundo mejor.

Es por eso que cuando algunas veces encontramos gente hablando de Dios, yendo a la iglesia y hasta siendo un católico practicante; difamando, mintiendo, inventando cosas sobre los demás y teniendo actitudes egoístas, nos preguntamos qué pasa con esa gente que dice una cosa y hace otra.

Qué desilusión tan grande es ver gente intolerante, que pelea con su propia familia, amargada, triste y llena de resentimiento. ¿Cómo puede ser que frecuenten la Iglesia y luego actúen tan mal?

La explicación es muy simple: no son verdaderos católicos y mucho menos, cristianos.

Son personas a quienes tal vez desde la infancia sus familias los hacían frecuentar las iglesias y eso formó parte durante sus vidas y de su cotidianeidad, pero en realidad nunca comprendieron de que se trataba ser buenos cristianos.

En otros casos, se trata de personas que se acercaron a la Iglesia porque fueron invitados o porque tal vez la atmósfera que se respira en una iglesia los atrajo. Allí encontramos gente amable, acogedora, paciente, que escucha… Eso hace que vuelvan y que frecuenten el ambiente como si realmente formaran parte, pero en realidad en sus corazones nada ha cambiado e ir a la iglesia simplemente es una “ocupación” o un “entretenimiento” como cualquier otro.





También existen seres tan pero tan arrogantes, que se creen por encima de cualquier enseñanza religiosa y que no quieren adaptarse al proceso de crecimiento interior que demanda la fe en Cristo.

Se trata de personas susceptibles, sensibles y orgullosas que no permiten que Dios haga su maravilloso trabajo en ellos. Esto los lleva a tener malas actitudes, ser hirientes al hablar, negativos, conflictivos, celosos, mentirosos y deseosos de crear divisiones traicionando a quienes se encuentran en su entorno e incluso a quienes forman parte de su grupo familiar.

Seguramente a esta altura te estás preguntando qué hacer con este tipo de gente. Bien… Lo único que resta por hacer es precisamente aplicar todo esto de lo que hemos estado hablando.

Aprendamos a ser pacientes con otros mientras Dios pueda hacer el cambio en ellos. Soportemos un poco de su temperamento, de la misma manera que Dios soporta el nuestro. Nosotros tampoco somos perfectos, de modo que no debemos caer en la hipocresía de exigir que los demás lo sean. Dejemos que el señor tome el tiempo necesario para cambiar sus corazones y entendamos que no porque alguien ha tenido una mala actitud, automáticamente se convierte en un mal cristiano. Éste es un razonamiento simplista que no ayuda a abrir la mente y mucho menos el corazón.

Dios nos recoge en el camino a cada uno a su tiempo y nos lleva más lejos a cada uno a su ritmo. No juzguemos a otros por lo que hacen hoy, porque tal vez Dios obre el mayor de los milagros en ellos mañana.

Al principio hablamos de Judas, quien traicionó a Jesús de una manera vil, pero también tenemos a uno de sus más leales discípulos, Pedro, que en la Biblia aparece como “columna de la Iglesia”, y que dominado por el mal realizó hechos condenables.

Pedro podría tener un espíritu fuerte y poderoso, pero también era un hombre y como todo hombre no era perfecto. A pesar de sí mismo y como consecuencia de su debilidad, cometió hechos mal vistos a los ojos de Dios, pero esto no ponía en duda su rango de apóstol o su amor sincero por Dios, sino que evidenciaba simplemente que era humano.

A veces las personas se alejan de Dios por decepción, porque viven momentos de prosperidad y creen que no lo necesitan, por malas compañías que nos alejan de lo bueno o porque pasan por momentos tan duros que creen que nada ni nadie los puede ayudar.

Si le preguntáramos a Jesús por qué muchas personas frecuentan la Iglesia o hablan de Dios y luego no actúan como verdaderos cristianos, tal vez no nos daría una larga explicación, sino que se pondría él mismo, él; que está por encima de todos, como ejemplo, porque tan sólo con ese acto de amor inmenso que fue morir por la humanidad en la cruz, podríamos encontrar la respuesta.

Su mensaje a los seres humanos es enorme y abarca todas las leyes: dejemos de lado las mezquindades y las hipocresías y convirtámonos en nuevas y buenas personas.

¿Cuál sería tu mensaje para alguien que habla del amor de Dios, pero que no practica el amor con sus semejantes? Déjanos tu comentario y comparte. Queremos conocer tu opinión.





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