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Sé perdonar una equivocación, pero no sé perdonar una maldad.

Cuando alguien ha hecho algo para herirnos ya sea de manera intencional o no, ¿te resulta fácil perdonar y continuar la relación con esa persona?

Si eres como la mayoría, seguramente dudes y no estés totalmente seguro de saber cómo perdonar a alguien que te ha provocado un dolor profundo.

No es fácil perdonar cuando la mente y el corazón se resisten al dolor y al enojo. ¿Cómo podemos liberarnos y curar las emociones asociadas a una acción malintencionada o irresponsable? ¿Se perdona de igual manera una maldad que una equivocación? ¡Qué difícil!

Aprender a perdonar a alguien que nos lastimó es un proceso que toma tiempo y energía.

Cuando sufrimos por el daño que nos han hecho, tendemos a querer olvidar rápidamente el dolor y ocultamos la herida detrás de una fachada de indiferencia. Sin embargo, negar el dolor nos seguirá provocando una angustia interior que a la larga, no podremos ocultar. Para sanar, es necesario; al igual que en una cirugía, entrar en contacto con la herida interior.

No es fácil. Todos tenemos mecanismos de defensa que nos impiden querer sufrir por demás. Tenemos miedo de encontrarnos con nuestra ira y hacemos todo lo posible para no entrar en contacto con nuestras emociones.

Otras personas, queriendo “hacer lo correcto”, tienden a perdonar al otro rápidamente. Demasiado rápidamente. Buscan un perdón intelectual encontrando excusas para el accionar de la persona que los ha herido o traicionado, sin respetar lo que pasa en su interior a nivel emocional. Pero lo cierto es que si no hay un momento de reflexión y de reconocimiento de las diferentes emociones como el dolor, la tristeza, la cólera o la frustración, nunca podremos curarnos esta herida. Perdonar, requiere de mucho coraje.

¿Por qué es tan difícil perdonar?

Tal vez las personas no saben que nos han lastimado. Lo han hecho sin querer. No han tomado en cuenta nuestros sentimientos y han dicho o hecho cosas que nos ha provocado un daño y ni siquiera lo han notado.

Otras veces, y este caso es el más grave y el más difícil de perdonar, las personas eligieron herirnos de manera deliberada e intencional con una maldad a la que no le encontramos explicación.

Es muy difícil dejar pasar una experiencia dolorosa y perdonar la negligencia de habernos herido sin pensar que lo que se decía o lo que se hacía podía lastimarnos y mucho más difícil aún, perdonar cuando alguien buscó la forma de hacernos daño.

Cuando alguien nos hiere de manera intencional y entendemos que ha sido cruel y egoísta en su forma de actuar, nos cuesta pensar que esa persona está pasando por un momento duro que la ha hecho actuar así y es lógico que sintamos rencor y rabia. Inmediatamente surge el anhelo de venganza y aunque sepamos que es un sentimiento negativo, debemos aceptar que es al mismo tiempo es un comportamiento completamente humano y natural.

Sin embargo, existen otros factores que deben tomarse en cuenta y que deben motivarnos a perdonar. Podemos creer que la persona que nos ofendió no admitirá nunca lo que ha hecho e incluso, creas que perdonar es una forma de rendirte frente al otro. Éste también es un sentimiento natural.

Otro motivo por el cual es difícil perdonar tiene que ver con la autoprotección. Instintivamente, pensamos que si alguien fue capaz de herirnos una vez puede hacerlo otras veces y entonces tratamos de protegernos ante ese eventual dolor que pudieran volver a provocarnos. Mientras nos mantengamos hostiles hacia el otro, tendremos excusa para levantar nuestros muros de defensa.

¿Cómo hacemos para perdonar?

Aunque es difícil perdonar y “soltar” eso que nos ha provocado tanto dolor, es importante, para encontrar la paz espiritual y la felicidad, que logremos hacerlo.

Debemos aceptar que lo que pasó no puede deshacerse y entonces, es importante dejar ir todo tipo de resentimiento que hayamos desarrollado hacia esa persona.

Pensemos en que nosotros también en algún momento pudimos haber herido a otro o que también tenemos defectos.

Los más valientes, confrontarán a la persona que los ha lastimado le pedirán explicaciones sobre su accionar. Esto tal vez nos haga ver otra perspectiva de la situación y nos haga entender por qué actuó como actuó.

Pero también podemos encontrarnos con el escenario más adverso, que es confrontar con alguien que nos ha herido y que se niega a reconocer que actuó mal. Es decir, alguien que no se ha arrepentido de lo que ha hecho.

No perdonar en este caso, tampoco hará que la persona se arrepienta y lo que tenemos que tener presente es que si perdonamos es sólo para preservar nuestra salud mental. Al menos, en este caso tan difícil, perdonemos de una manera egoísta y hagámoslo por nosotros mismos.

Recuerda esta frase que lo resume todo de manera magistral: “perdonar, es liberar a un prisionero y descubrir que ese prisionero, eras tú”.

¿Ya te encontraste en la situación de tener que perdonar? ¿Es posible hacerlo de manera sincera y sin rencores? ¡Cuéntanos tu experiencia y comparte!



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