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Coronavirus: ¿Qué significa achatar la curva y por qué depende de nosotros?

Los principales expertos en epidemiología han sido categóricos: entre el 20 y el 60% de la población mundial podría contraer coronavirus.

Hasta el momento, no hay un tratamiento específico ni se ha desarrollado una vacuna para contrarrestar o evitar los efectos de la enfermedad. ¿Deberíamos entonces dejar que el virus siga su curso normal y simplemente actuar con responsabilidad?

¿Qué significa esto? Significaría que no estaríamos batallando cuerpo a cuerpo con la enfermedad tratando de terminarla lo antes posible, sino que actuando con responsabilidad, estaríamos disminuyendo la cantidad de casos. Esto tal vez alargue el virus en el tiempo, pero se reduciría el contagio y los sistemas de salud no colapsarían debido al número de enfermos que deben tratar.

Es decir, al no haber medicamentos específicos ni vacuna para protegerse del coronavirus, en lugares como Corea del Sur, que registró muchísimos casos al principio de la enfermedad, se logró estabilizar el número y disminuirlo drásticamente concientizando a la población sobre la necesidad de evitar el contacto social.

Así lo muestra este gráfico. Mientras que la primera tendencia es intentar pelear contra la enfermedad, generando un pico altísimo de contagiados e internados, mantener la distancia entre nosotros, haría que se extendiera la línea de tiempo y descendiera la cantidad de infectados que a su vez, no colapsaría los sistemas de salud de cualquier país.

De ahí el “Achatar la curva”, que demuestra que en dos semanas de aislamiento, se podría bajar el contagio y tantos hospitales como médicos y enfermeros, estarían en condiciones de atender los casos más severos.

Pensemos también, que cuantos más enfermos deben ser atendidos, más médicos y enfermeros se exponen al contagio y quedan fuera del sistema sanitario. Colapsados los hospitales y con menos médicos y personal para atender a los enfermos, más difícil es controlar la epidemia.





Medidas extremas, medidas eficaces.

Al adoptar una estrategia de confinamiento progresivo, podemos marcar una diferencia importante de los países que se encuentran en situaciones extremas como Italia o Irán.

Si sabemos que una parte importante de la población se verá afectada de manera casi inevitable, debemos frenar al máximo el avance de la epidemia extendiéndola un poco en el tiempo pero evitando la saturación de los hospitales.

Vemos como en China el coronavirus se encuentra en una fase descendente y lograron esto, una vez que tomaron decisiones drásticas como cerrar escuelas, cines, teatros y evitar todo tipo de reuniones que aglomeraran personas. Cortando el contacto entre las personas, cortamos las cadenas de transmisión del virus.

Cuanto más extremas son las medidas de confinamiento, más eficaces resultan. Ya son muchos los expertos que sostienen que permanecer 15 días en casa o incluso tres semanas, sería suficiente para terminar con el coronavirus.

Darse la mano, saludarse con un beso; son algunas de los hábitos que debemos dejar de lado. En cambio, debemos adoptar una intensificación del lavado de manos, acostumbrarnos a estornudar en el pliegue del codo, mantener una distancia de más de un metro con otras personas y para quienes puedan, evitar ir a trabajar.

No se trata de tomar vacaciones, sino de quedarse en casa y limitar al máximo posible el número de personas con las que interactuamos. Debemos salir únicamente para hacer compras esenciales y caminar un poco en lugares abiertos y preferentemente lejos de otras personas.

No aprovechemos estos días que parecen de descanso para reunirnos con amigos en casa o ir a pasear a lugares públicos. El virus no está en la calle, ni en el aire. El virus se transmite entre las personas. El virus no circula sólo, lo hacemos circular nosotros mismos.

Sabemos que es difícil, pero más difícil es transitar una enfermedad de riesgo. Hagamos el esfuerzo de ponernos todos en cuarentena, porque es de la única forma que evitaremos el contagio de persona a persona.

Y si así y todo tuviéramos la mala suerte de contraer la enfermedad, al menos encontraríamos un sistema sanitario lo suficientemente desahogado como para poder responder a las necesidades de los enfermos.

Por eso te pedimos, quédate con la familia en casa. ¡Es por el bien del mundo entero!



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