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Si alimentamos a los niños de amor, sus miedos morirán de hambre.

Las escuelas para padres, no existen. Nadie nos enseña a criar a nuestros hijos y en realidad, sería absurdo que esas escuelas existieran, porque todos somos diferentes y en consecuencia, la manera de criar un niño será diferente en cada persona y en cada niño.

Lo que sí sabemos, es que representa un desafío que no todo el mundo quiere o puede asumir. Pero para quienes decidimos lanzarnos a la aventura de ser padres llevados por el amor, sabemos que es una tarea difícil en la que siempre surgen dudas, inseguridades y a veces algún sentimiento de culpa.

Sin embargo, lo que sí todos tenemos claro, es que amar a nuestros niños es la primera cosa buena que podemos hacer por ellos. En cualquier educación no puede faltar el amor, porque por instinto sabemos que cuando el amor está presente, todo tiene que salir bien.

En lo que se refiere a la educación, debemos tener claro que existe una diferencia entre amar a nuestros hijos y educarlos con amor. Amar, puede resultar fácil; pero para educar con amor, se necesitan crear lazos con nuestros niños y eso implica dedicarles tiempo, atención, saber conectarse y estar presente.

El pediatra español Carlos Gonzáles, es fundador de la asociación catalana para la lactancia materna y autor del libro “Abrázame Fuerte”.

En este libro, Carlos González explica que el comportamiento de los niños está dictado por sus genes. Considera que el llanto es heredado de la época en que la vida era muy difícil y que los niños necesitaban llorar cuando sus padres se alejaban mucho por una cuestión de seguridad. Un bebé que no lloraba lo suficientemente rápido y fuerte, era una presa fácil de los depredadores. Es por eso que nuestro primer reflejo es brindarles seguridad y tranquilidad al abrazarlos y consolarlos.

Muchos pediatras u otro tipo de profesionales de la salud, desaconsejan esta práctica, explicando que de esta manera estaremos criando a un niño caprichoso; cuando en realidad se trata simplemente de actuar según nos lo pide la naturaleza. ¿Por qué una madre debería privar a su niño y privarse a sí misma de tomarlo en sus brazos si llora de manera insistente? Esto no hará que un niño sea caprichoso, sino que lo hará sentir seguro y protegido; es decir, lo hará sentir amado.

¿Por qué culpar a los padres que responden a las necesidades de sus hijos? ¿Quiénes somos nosotros para negarle amor a un niño? El pediatra español, quiere hacernos ver que la educación benévola es una respuesta natural que debemos darles a nuestros hijos y que los niños criados con respecto, serán a su vez personas respetuosas.

En su libro, nos propone renunciar a la violencia y al desprecio, a las reglas estrictas y a los castigos excesivos; para criar a nuestros hijos en la bondad, la confianza, el respeto y la ternura y a brindarles un amor incondicional que es el que ellos mismos nos brindan simplemente por instinto.

Además, a nivel cerebral, se producen cambios que favorecen a nuestros hijos. Los cerebros de los niños amados se desarrollan facilitando el aprendizaje del lenguaje y estimulando la memoria. Cuando los niños toman conciencia de que son amados se sienten felices y desarrollan confianza en sí mismos.

El saberse amado, les permite a los cerebros de los niños desarrollar facultades intelectuales y afectivas, se aumenta la secreción del BDNF, una proteína vital en el desarrollo cerebral, se genera la secreción de oxitocina, la hormona del amor, la amistad, la cooperación mutua y que a su vez, ayuda a disminuir la ansiedad. La sensación de sentirnos amados cuando somos niños activa el sistema parasimpático que es el que regula las emociones, brinda calma, ayuda a pensar y a concentrarse.

Todo esto nos hace llegar a la simple conclusión de que cuando conocemos gente que no logra conectarse con otros, tal vez simplemente se trate de alguien que no haya sido lo suficientemente amado cuando era niño.





Amarse a uno mismo, para amar a otros.

Muchas de nuestras inseguridades a la hora de criar a nuestros niños, tienen origen en nuestra propia infancia. Convertirnos en padres, a menudo saca a la superficie nuestras propias frustraciones y no es justo que éstas influyan en cómo los educamos sólo porque nosotros no hemos podido alcanzar un objetivo en la vida.

Nuestros hijos son personas diferentes de nosotros, con aspiraciones y objetivos también diferentes. Es por eso que nuestro deber es apoyarlos y ayudarlos para que puedan identificar qué es lo que quieren en la vida y así puedan alcanzar sus propios objetivos que nada tienen que ver con los nuestros. Este es uno de los mejores regalos que podemos hacerles como padres, porque esto también es amar.

Es decir, perdonarnos nuestras propias faltas y seguir adelante es el primer paso para empezar a amarnos a nosotros mismos y renovar nuestra autoestima para qué esto redunde a su vez en un beneficio para nuestros hijos. De este modo, les estaremos ofreciendo la mejor versión de nosotros mismos como personas y como padres. Ayudará a que la relación se fortalezca y crezca de manera sincera y franca.

Recuerda que nuestros hijos no quieren por padres a superhéroes para que los eduquen, ellos ya ven a un superhéroe en mamá y papá sólo porque los aman en función de lo que son.

El amor puede cambiarlo todo. ¡Nunca lo olvides!

¿Te resulta fácil transmitir amor a tus hijos? ¿De qué manera lo haces? ¡Cuenta tu experiencia y comparte!





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