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Humildad... Que la vida da muchas vueltas.

A lo largo de nuestra vida, conocemos una infinidad de personas con distintas características, tanto buenas como malas, pero las que carecen de humildad son imposibles de olvidar. Cuando alguien permanentemente se jacta de sus logros y pretende disminuir a otros, nos genera un profundo rechazo.

La humildad es la cualidad que se opone al orgullo, la autosuficiencia y la arrogancia. No es la principal virtud en todos aquellos que consideran que sólo existen dos categorías de personas: los fuertes y los débiles, y ellos, claro está, pertenecen al grupo de los fuertes.

Son los que están convencidos de ser superiores y son capaces de eliminar a otros para satisfacer su ego. Para ellos, reconocer que tienen límites como cualquiera, o reconocer sus errores, implica una debilidad. ¡Esta gente ve todo al revés!

Esto es todo lo contrario de ser humilde. Las personas humildes tienen una grandeza interior. Reconocen sus límites y sus debilidades, que no quiere decir que se desvaloricen o se humillen ante otros. Simplemente, esa persona sabe quién es sin fantasías sobre sí misma y habiendo identificado a la perfección cuáles son sus cualidades y sus efectos.

La humildad nos permite vivir mejor y estar en paz con nosotros mismos. Cuando somos humildes nos ubicamos a la altura de los demás y los demás lo sienten y lo valoran, aun cuando no lo digan. No olvidemos, que esta virtud maravillosa aparece muchas veces en la Biblia y es una de las cualidades del ser humano más reconocidas por Dios.

La vida da muchas vueltas, y tarde o temprano la arrogancia y la soberbia nos pondrán en una situación de desventaja. Aquellos que tienen estas características negativas, no dejan buenos recuerdos en otros y a la larga, tendrán que vivir en carne propia las consecuencias de haber actuado de manera despreciativa e insolente. El orgullo, no conduce a nada bueno.

El humilde sabe que quién es y que todo lo que posee, no es sólo mérito propio. Su educación, su situación particular en un país, su familia, la suerte, los amigos… Son los factores que han hecho de él la persona que es. Reconoce sus cualidades y está orgulloso de ellas, pero no se jacta como si él las hubiera creado por sí mismo.

La Biblia dice: “¿qué tienes, que no te haya sido dado?”





¿Cómo llegamos a ser humildes?

La humildad a menudo es el fruto de haber atravesado pruebas duras de la vida (enfermedades, fracasos, desempleo…), Porque esto nos ha obligado confrontar con nuestros límites, nuestras debilidades, en definitiva, nuestra dimensión humana.

Son situaciones límite las que nos han llevado a ser humildes. A veces las personas debemos aprender a base de sufrir. Cuando nos creíamos indestructibles, de pronto un acontecimiento doloroso nos baja de nuestro pedestal y nos asesta un duro golpe. Nos sentimos perdidos, insignificantes, vulnerables e impotentes; pero beneficiados con una enseñanza. Los orgullosos sólo viven en la ilusión de ser los elegidos de Dios.

Jesús fue el ejemplo por excelencia del hombre humilde, ¿cómo podríamos ubicarnos por encima de él?

El hombre humilde reconoce sus errores y sabe pedir perdón. Acepta la realidad por muy dura que sea y no vive en la fantasía. Se alegra por el éxito de otros y los felicita, aun cuando sean sus adversarios, porque no busca aniquilarlos para poder sobresalir. El humilde conoce cuál es su lugar y si busca otro que considera merecer, no será por creerse más, sino que buscará ganarlo con todas las de la ley. No va detrás del prestigio, el ascenso social o el dinero.

Convertirse en alguien humilde se aprende. Es necesario encontrar la manera de serlo pero no por medio de la humillación que es una ofensa despreciativa y sólo una manifestación de maldad por parte de otros, sino que es una actitud interior que se cultiva y se fortalece, fundada sobre el justo conocimiento de uno mismo y la apreciación de los otros.

Esta virtud tan valorada por Dios viene de la mano con otras que no pueden faltar a la persona humilde: la honestidad.

Ambas, pasan a ser un modo de vida que se practica con tolerancia día a día y por el resto de nuestra vida. Este modo de vivir que exige fuerza y valor, nos permite crecer y ser cada vez más conscientes y libres de actuar, pero siempre en contacto con la realidad.

La humildad, una forma de éxito.

Ser humildes también nos puede llevar a crecer no sólo en el aspecto espiritual e interior como seres humanos, sino en otros aspectos que hacen a la formación intelectual de las personas.

El éxito viene de la confianza en sí mismo, pero cuando esta confianza es excesiva, puede transformarse en un problema de ego sobredimensionado. Un ego desbordado, es una patología que afecta a muchas personas hoy en día.

Cuando el ego se ha desarrollado de manera exagerada, tendemos a dormirnos sobre los laureles, a dejar de innovar y a conformarnos con hacer lo mínimo. Quienes buscan superarse, seguirán progresando y mejorando, seguirán siendo dinámicos y activos, porque han entendido por medio de la humildad, que nunca lo sabemos todo y siempre debemos seguir aprendiendo.

¿Te consideras una persona humilde? ¿Crees que las personas en general han dejado de ser humildes? ¡Queremos conocer tu opinión! ¡No dejes de compartir!





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