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Que nuestros enemigos trabajen sin saberlo a nuestro favor

“¿Cómo sacar provecho de nuestros enemigos?”, es una obra escrita por el filósofo griego Plutarco aproximadamente en el año 100 antes de Cristo.

Plutarco afirmaba que era imposible no tener enemigos y que ya que no podíamos evitarlo, al menos podíamos intentar sacar provecho de su odio.

El deseo de perjudicarnos, hace que nuestros enemigos estén muy atentos a nuestros defectos y debilidades y se convierten en críticos despiadados.

Esto puede utilizarse en nuestro provecho, porque podemos corregir todo lo que haya que corregir y con eso, sin quererlo, nos hacen mejores. Esta será nuestra dulce y noble venganza… sacar provecho de su odio. Una forma de suavizar su violencia.

Plutarco pudo haber escrito esta obra hace más de 2000 años, pero siempre conserva actualidad. Veremos en este simple relato cómo una mujer, saca provecho de su enemigo.

Un hombre adinerado entró a un bar en Panamá.

Tan pronto como entró, notó una mujer negra, sentada en una esquina.

Él se acercó al mostrador, sacó su billetera y gritó, "Bar tender, voy a comprar bebidas para todos en este bar, excepto para esa mujer negra que está allá".

El Bar tender recogió el dinero y comenzó a servir tragos gratis para todos en el bar, excepto a la mujer negra.

En lugar de molestarse, la mujer simplemente miró al hombre y le dijo: "Gracias".

Esto enfureció al hombre rico.

Así que, nuevamente, sacó su billetera y dijo: "Camarero, ésta vez voy a comprar botellas de vino y comida adicional para todos en este bar, excepto para la mujer negra sentada en la esquina de allá".

El camarero recogió el dinero del hombre y comenzó a servir comida y vino gratis para todos en el bar, excepto a la mujer negra.

Cuando el camarero terminó de servir la comida y las bebidas, la mujer, simplemente miró al hombre, sonrió y le dijo: "Gracias". Y eso lo enfureció más.

Así que se acercó al mostrador y le preguntó al camarero: “¿Qué pasa con esa mujer negra? He comprado comida y bebidas para todos en este bar, excepto para ella, y en vez de estar enojada sólo se sienta allí, me sonríe y me dice "Gracias". ¿Está loca?”

El Bar tender le sonrió al hombre rico y le dijo, "No, no está loca. Ella es la dueña de este establecimiento".

Que nuestros enemigos trabajen sin saberlo a nuestro favor...

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