Las fotos del antes y después de los astronautas varados evidencian el deterioro físico de estar atrapados en el espacio.

Barry Wilmore y Sunita Williams permanecieron más de nueve meses en el espacio, una experiencia que transformó sus cuerpos y puso a prueba los límites de la resistencia humana.

Una misión inesperadamente prolongada

Barry “Butch” Wilmore y Sunita “Suni” Williams partieron el 5 de junio de 2024 a bordo de la cápsula Starliner de Boeing, con la intención de realizar una misión breve en la Estación Espacial Internacional (EEI). El plan original contemplaba apenas ocho días de estancia. Sin embargo, problemas técnicos con la nave impidieron su regreso y los obligaron a permanecer en órbita 287 días, hasta que finalmente pudieron volver a la Tierra en marzo de 2025 a bordo de una cápsula Crew Dragon de SpaceX.

Fuente: NASA

Los efectos físicos de la ingravidez

La prolongada estadía en microgravedad tuvo consecuencias notables en sus organismos. Los especialistas señalan que la pérdida de densidad ósea y muscular es uno de los efectos más comunes en astronautas que pasan meses en el espacio. Sin la resistencia que ofrece la gravedad terrestre, los músculos se atrofian y los huesos se vuelven más frágiles.

Además, Wilmore y Williams experimentaron alteraciones en el sistema cardiovascular y en el equilibrio. Al regresar, la readaptación física se asemeja a la rehabilitación de un paciente que ha estado en coma: el cuerpo necesita reaprender a caminar, mantener la postura y regular la presión sanguínea. También se reportaron cambios en la visión y en la distribución de fluidos corporales, ya que en órbita los líquidos tienden a acumularse en la parte superior del cuerpo, provocando hinchazón facial y presión en los ojos.

Fuente: NASA

El desafío de la readaptación

Tras su regreso, ambos astronautas fueron sometidos a un estricto programa de rehabilitación que incluye ejercicios de resistencia, fisioterapia y monitoreo médico constante. La recuperación puede durar meses, y aunque la mayoría de los efectos son reversibles, algunos cambios —como la reducción de la densidad ósea— pueden dejar secuelas a largo plazo.

Más allá de lo físico

La experiencia de Wilmore y Williams no solo revela los riesgos de la exploración espacial, sino también la capacidad de adaptación del ser humano. Su odisea se convirtió en un caso de estudio para la NASA y la comunidad científica, que busca comprender mejor cómo mitigar los efectos de la ingravidez en futuras misiones de larga duración, como las que se proyectan hacia Marte.

Fuente: NASA

En definitiva, su viaje de nueve meses demostró tanto la vulnerabilidad del cuerpo humano como su extraordinaria capacidad de recuperación, y dejó una valiosa lección sobre los desafíos que implica vivir fuera de la Tierra.

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